|
NO MÁS INALSA
Dan ganas de decir que uno no quiere saber ni hablar ya más de INALSA. Entran ganas de decirles que hagan ya lo que les de la gana, que la privaticen, que la regalen a quien quieran, que la cierren, que la dividan en siete o diecisiete “inalsitas” locales y pequeñitas, que cada municipio monte su petit potabilizadora y que luego compitan entre ellos. Dan ganas de todo ello y de decirles cuatro cosas más.
Si no fuera tan triste uno podría echarse a reír viendo las pantomimas de ciertos políticos insulares, viendo y escuchando las declaraciones delante y detrás de las cámaras. Delante de las cámaras la privatización es una palabra tabú, ni de lejos, pero detrás de las cámaras la privatización se convierte en una opción imaginable, posible y viable para algunos.
Inalsa se ha convertido en el tema preferido de la oposición política, es el instrumento de desgaste del grupo de gobierno. Partidos que hasta hace poco eran nada sospechosos de ser defensores a ultranza del modelo de empresa pública ahora parecen haberse convertido al marxismo más exaltado, capaces e impacientes por pedir la expropiación y nacionalización de los medios de producción. Por otra parte, alguna que otra opción política que siempre ha creído y defendido la titularidad pública de ciertos servicios esenciales a la ciudadanía, ahora muestra un mutismo total al estilo “mi reino no es de este mundo” (e Inalsa tampoco). Alguno de sus dirigentes, experto en crispación y provocación, especialmente cuando no viene a cuento ni es necesaria para nada, calla y cultiva un silencio muy significativo. Incluso, y recurriendo al refranero o decir popular, podríamos afirmar que “el que calla otorga”.
Sin duda alguna, INALSA es un asunto espinoso, de difícil arreglo, sobre todo porque de su solución en uno u otro sentido va a depender la continuidad del actual pacto de gobierno en la isla. Y así evolucionan los acontecimientos, uno tras otro, sin que los ciudadanos vean indicios de que las aguas vuelvan a su cauce.
La presidenta Manuela da la cara, muestra sostenibilidad 24 horas al día, habla de buena voluntad, dice una cosa a la prensa, otra en los plenos y una tercera a los afectados (trabajadores y usuarios, me refiero). De tanto hablar y decir ya nadie sabe cuantos litros debe tener ese depósito o “macro-mareta”, ni cuantas furgonetillas hay que comprar o tuberías hay que reparar. Lo importante es gastar, lograr un alto volumen de contratas, que luego, naturalmente, se otorgarán plácidamente de forma limpia y transparente a la mejor y más barata empresa. Luego, Tinajo y Haría se independizan o, por lo menos, aspiran a convertirse en “Ayuntamiento Libre Asociado” (al Consorcio o a Inalsa, según), lo que conduce a que esta isla, definitivamente, haga aguas por todos los lados.
Al final, el crispador y provocador nato, acechando como está, romperá el pacto, pondrá al PIL en la calle, y se dejará pasear a hombros por la nave de Salatin como aquél que salvo a INALSA de la privatización pilera. Ya la privatizaremos más adelante, cuando estemos todos más calmaditos. Ahora que me acuerdo, ¿cómo andan los Centros, y esos restaurantes – que pierden pasta a diario, y no italiana, precisamente ?
Olegario
|
enviar |
tu opinión |
imprimir |
|